Hay tardes que parecen hechas para bajar el ritmo. Afuera hace calor, la casa por fin está en silencio y alguien pone agua a calentar mientras busca en la alacena una pequeña bolsita de especias. Entre canela, anís y hojas secas aparece un frasco con unos pequeños botones de color café oscuro. "¿Todavía sirven?", pregunta alguien. "Claro, son clavos de olor", responde otra voz. En muchos hogares de México, el clavo de olor nunca ha sido un ingrediente extraño. Se utiliza para dar sabor al ponche, al arroz con leche, a ciertos guisos y hasta a algunos postres tradicionales. También hay quienes preparan un té con esta especia cuando desean disfrutar una bebida caliente y aromática al final del día. Pero, más allá de su agradable aroma, ¿qué se sabe realmente sobre el té de clavo? ¿Vale la pena incluirlo ocasionalmente en una alimentación equilibrada? La respuesta, como ocurre con muchos alimentos y bebidas tradicionales, merece una explicación tranquila y sin exager...
Hay mañanas que empiezan con algo tan sencillo como cortar unas hojas de albahaca para acompañar unos huevos, preparar una salsa o darle un aroma especial a una ensalada. En muchos hogares mexicanos, esta planta forma parte de la cocina desde hace años, aunque pocas personas se detienen a pensar que, además de aportar sabor, también contiene compuestos naturales que han despertado el interés de investigadores por su posible relación con la salud. Quizá alguna vez un familiar mayor te haya dicho que ya no distingue bien las letras pequeñas del periódico o que necesita más luz para leer un mensaje en el celular. Es una situación cada vez más común conforme pasan los años. La vista cambia, y aunque eso forma parte del envejecimiento natural, también sabemos que algunos hábitos cotidianos pueden contribuir a cuidar los ojos durante más tiempo. Entre esos hábitos está la alimentación. Y ahí es donde la albahaca entra en escena. Mucho más que una hierba aromática La albahaca ( Ocimum basilic...